MANEJO DE LA ANSIEDAD EN CASA DURANTE EL CONFINAMIENTO

Manejo de la ansiedad en casa durante el confinamiento.

 La idea de no poder salir de casa o permanecer un tiempo prolongado en las mismas cuatro paredes, no es agradable para nadie. Cuando algo que está fuera de nuestro control se opone a nuestras expectativas ocurre siempre un momento de negación, seguido por una indisposición (enojo) por la pérdida de lo que se deseaba. Controlar nuestras emociones no es tarea fácil en los días buenos, ahora imagínate controlarte en medio de esta crisis. Lo cierto es que puede ser muy difícil afrontar los retos que trae el confinamiento ya que, no es solamente el hecho de quedarse en casa lo que produce ansiedad sino también, los cambios a nuestro estilo de vida. Más tiempo de ocio también nos hace pensar más “me quedaré sin trabajo”, “el negocio va mal”, “no podrá cumplir con la deuda” etc. Hay personas que les cuesta mucho controlar sus emociones, pero es un verdadero reto para todos mantenerse emocionalmente estable en medio de esta pandemia.  

La ansiedad es una respuesta natural. Es normal, necesario y hasta bueno tener ansiedad de vez en cuando. En ocasiones la ansiedad nos ayuda a comportarnos mejor, nos prepara y motiva a hacer proyectos difíciles que requieren un esfuerzo adicional. La ansiedad aparece en situaciones de riesgo y se relaciona muchísimo con el miedo. El miedo puede ser real o puede ser producto de nuestra imaginación y no es bueno que se mantenga durante mucho tiempo.

Lo que ocurre es que empezamos a adelantarnos, a comer ansias y preocuparnos. Nuestra mente empieza a imaginar todos los peores escenarios para la situación. Vemos catástrofes en nuestras vidas y este tren de pensamiento va creciendo conforme la adversidad y mis situaciones de vida se complican. Poco a poco una respuesta del organismo al miedo desencadena una respuesta de ansiedad prolongada, que nos pone en un estado de alerta. El único problema es que no estamos corriendo peligro inminente, no hay un oso persiguiendo mis pasos. Los estímulos ansiogénicos activan el eje hipotálamo – hipófisis – adrenal, aumentando la liberación de cortisol. El cortisol está involucrado con un mayor rendimiento del organismo: subida de energía, aumento de la ingesta (en especial de carbohidratos, puede asociarse al deseo compulsivo de dulces propio de la ansiedad o también conocido como “craving” de dulces o comida altas en grasas), reserva de calorías, aumento del umbral al dolor. Los niveles elevados de cortisol y mantenido durante mucho tiempo puede volverse patológico.

Nuestro cuerpo no distingue la diferencia entre experimentar ansiedad por un oso y experimentar ansiedad por mi trabajo, por las deudas, por la salud o por el futuro. Cuando esta reacción empieza puede ser complicada detenerla, ya que se empieza un circulo viciosos en dónde la ansiedad alimenta mis miedos, entre más pienso más ansiedad tengo, entre más ansiedad, más fuerte es la reacción del organismo.  Eventualmente esta energía ansiosa nos termina afectando a nivel fisiológico. Nuestra espalda se resiente, sentimos dolor en nuestra espalda, a veces las articulaciones, algunas personas desarrollan gastritis, otras personas tics motores, dolores de cabeza etc. Por si fuera poco, si mantenemos esa reacción durante mucho tiempo se ha comprobado que se genera un estado proinflamatorio en el cuerpo que favorecen diferentes enfermedades por ejemplo la fibromialgia.

La falta de supresión en la producción de cortisol una respuesta ansiosa prolongada ocurre en la depresión y en los trastornos de ansiedad.  Pero ¿Qué hacíamos en otros tiempos? Esta ansiedad no es nada nueva, siempre hemos vivido con ella y nos ha afectado en mayor o menor medida. Pero, ¿por qué es tan difícil de manejar ahora? Para contestar esta pregunta nos podemos plantear la ansiedad como energía. Energía ansiosa, nuestro cuerpo por el cortisol toma una postura de alerta que nos prepara para la acción. El problema es que ahora nuestro movimiento está restringido. Antes íbamos a la oficina, jugábamos football, acudíamos a la iglesia y otros eventos sociales nos ayudaban a descargar energía. En estos momentos por el confinamiento nuestra capacidad de esparcimiento se ha visto restringida, además, nuestro tiempo libre ha aumentado y razones para preocuparnos hay muchas. Entonces terminamos dentro del círculo vicioso con pocas opciones para canalizar la energía y los problemas que produce la pandemia.

¿Qué podemos hacer? La respuesta es fácil, en vez de PRE-ocuparse hay que ocuparse. El primer paso consiste en la identificación. Para poder hacer algo al respecto primero tengo que percatarme de que es lo que está sucediendo. Identificar implica reconocer aquellas cosas que me generan ansiedad, las situaciones que me preocupan, que me estresan en especial aquellas que están fuera de mi control. También implica reconocer mis estados emocionales, me siento triste, me siento desilusionado, me siento abrumado. Después de haber identificado situaciones y emociones, el siguiente paso consiste en hacer un diálogo interno para aceptar la situación que no podemos controlar. Esto puede ser particularmente difícil. Aceptar, que podemos perder nuestro negocio aceptar, que nos podemos quedar sin empleo aceptar, que va a venir un momento de crisis en un futuro cercano. Esta pandemia podría poner los pelos de punta a cualquiera, pero el hacer un diálogo de comprensión, la percepción como interpreto yo esta realidad en la que me encuentro. Que significado le doy yo a esto, que sacó de ello. Eventualmente lo que tiene que ocurrir es que tengo que aceptar lo que estoy viviendo.

El segundo paso es la aceptación, implica rendirme ante la posibilidad de que no puedo cambiar lo que ha ocurrido y qué tengo que sacar el mejor provecho y también encontrarle el lado positivo.

Una vez que has identificado y aceptado tu realidad. Lo siguiente será redirigir la energía ansiosa que estás experimentando. Porque no es suficiente simplemente decir “Ah ok, eso es lo que me está pasando” y mágicamente desaparece la ansiedad. Entonces necesito hacer algo con esa energía y qué cosas puedo hacer, pues por ejemplo, actividades recreativas, hacer ejercicio, jugar juegos de mesa, aprovechar alguna actividad creativa Hobby, sí me gusta pintar, si te gusta diseñar, si te gusta dibujar. Lo importante es mantenerse activo y dirigir su energía hacia algo, hacia una actividad que puede ser gratificante. Qué cosas no ayudan, en definitiva, el ver horas de películas, el estar conectado en Netflix, el estar comiendo altas horas de la noche son actividades que, aunque nos van a hacer sentir un poco mejor en el momento, lo único que van a hacer es prolongar los estados de ansiedad. Ya que la ansiedad no desaparece simplemente se posterga.

Por último, es importante tomar acción. Tal vez no podemos cambiar el hecho de que nos hemos quedado sin trabajo. Pero, si podemos controlar la actitud y las acciones con las que afrontó esa realidad. Tomarse un momento para decidir cuál será nuestra ruta a seguir, esta acción al mismo tiempo de orientarnos nos relaja en la medida que creemos que podemos organizar nuestra vida después que hemos aceptado las consecuencias de la situación.

En conclusión, para poder lidiar con la ansiedad de nuestra vida y la ansiedad que genera el confinamiento aquí hay 4 tips que te pueden ayudar:

1.       Ponte en marcha y mantente activo, haz actividades gratificantes y productivas.

2.       Enfócate en las cosas positivas implementa nuevas rutinas y prueba cosas nuevas. Prueba mindfulness.

3.       Aplica técnicas de relajación o meditación.

4.       Mantente activo en tu comunidad, asiste de manera virtual a grupos o reúnete con tus amigos por zoom.

Recuerda que todas las crisis mundiales se han resuelto, esto también va a pasar. Todo va a estar bien.

Compartir Artículo: